Por Juan Avila
En los últimos meses, en la sociedad dominicana han ocurrido diversos hechos de violencia que de una u otra forma la han estremecido en su cimiente.
Frente a esta situación nos surgen las siguientes interrogantes: ¿Qué es lo que ocurre en nuestro país? ¿Será posible que en estos 48,442 kilómetros cuadrados que nos corresponde de la isla Hispaniola, sus habitantes no pueden convivir de manera pacífica y armoniosa? ¿Será que la gente está tan agobiada por sus problemas cotidianos, que el mínimo roce provoca una desgracia que lleva el luto a las familias y causa la muerte de gente inocente? Y en muchas ocasione la famosa bala perdidas.
¿Acaso nos hemos detenido a pensar hacia dónde vamos si continúa fortaleciéndose la escalada de violencia? Es nuestro parecer que los dominicanos y dominicanas necesitamos nuevos alicientes que nos lleven a alejarnos y dejar de lado de manera contundente y definitiva ese mal social que corroe a nuestra sociedad.
La violencia no nos producirá ese bienestar social que todos necesitamos para hacer de nuestro país, una nación justa y equitativa como la concibieron nuestros padres fundadores. Una nación en la que todos y todas podamos convivir sobre la base del apego a la ética, la moral y el respeto irrestricto a nuestras leyes.
Es hora de que todos y todas nos unamos para frenar esta problemática. Ya es tiempo de que paremos la delincuencia, la drogadicción, la violencia familiar, los abusos contra nuestros niños, reos y contra el ciudadano en sentido general. Es necesario que los funcionarios corruptos paguen por sus fechorías y devuelvan al pueblo lo que le han quitado. Alzamos nuestra voz para exigir y reclamar el respeto a nuestros derechos humanos.
Consideramos que nuestro país no estará en condiciones de avanzar y desarrollarse en un mundo tan competitivo y exigente como el actual, si nuestros gobiernos no atienden estos males sociales que nos aquejan, pero sobre todo, si no garantizan a sus gobernados la solución inmediata a problemas tan básicos como son la educación, la salud, el desempleo, la alimentación, la vivienda, la electricidad, los viajes ilegales y el abuso a los menores, entre otros.
Ante lo anteriormente expuesto, proponemos que gobernantes y gobernados, así como todas las instituciones que en nuestro país funcionan, nos unamos para trazar las pautas de lo que sería una gran cruzada en la búsqueda de respuestas definitivas a la violencia. Esta cruzada sería realiza de manera continúa y podría ser llevada a los sectores más recónditos de nuestro país con el firme propósito de educar a nuestra gente y proveerle las herramientas más idóneas para hacer frente a la violencia, de forma tal que no provoque nuevas desgracias.
Todavía estamos a tiempo de buscar una salida a todos estos males. Sólo necesitamos de la participación entusiasta y solidaria de nuestros conciudadanos, así como de la aplicación correcta de las leyes.
Esperamos que nuestra propuesta no caiga en saco roto y que de manera positiva sume muchos adeptos, por el bien de nuestro país.






